Recuerdos desindustrializados

Durante estas últimas semanas me he enfrentado a un recuerdo borroso de la infancia, a una sensación oscura e inquietante en mi memoria. Muchos viajes de niñez de ida y vuelta a Toledo a ver a una parte de la familia,  muchas veces recorriendo la A-42 en su tramo hasta esta capital histórica, muchas veces pasando al lado de un monstruo tenebroso que aparecía a la izquierda de la carretera a la salida de Madrid.

Este monstruo en la imaginación del niño no es más que la mítica acería de Villaverde, en su última etapa la “Arcelor-Mittal”, que se levanta imponente a escasos metros de la carretera y que nos devuelve de un vistazo a esa época en la que Madrid presumía de cinturón industrial, y barrios enteros se ligaban a las fábricas que les daban de comer.

recuerdos_desindustrializados_undición villaverde_kike rincónDesmantelamiento de la Arcelor-Mittal de Villaverde (Madrid) / Foto: Kike Rincón.

Estos días, cualquiera que recorra esos primeros kilómetros de la carretera de Toledo estará siendo testigo de cómo este mastodonte de hierro y acero está siendo desmantelado, pudiéndose ver ya el esqueleto de la acería, en la que durante décadas el sudor de los trabajadores engrasó las máquinas para transformar los metales en objetos de uso humano, engordando los bolsillos de unos cuantos empresarios y extrayendo exiguos salarios para mantener familias enteras.

Es inevitable para cualquier conductor o acompañante no mirar de soslayo, o directamente, esta reminiscencia de las reconversiones industriales de los 80, que nos trajeron un halo de modernidad a cambio de robarnos puestos de trabajo, extendiendo el paro como una lacra por los barrios obreros, inundando las venas de toda una generación del veneno marrón y tiñendo de negro el futuro de las zonas industriales. Fueron años de dura crisis económica internacional. El petróleo pasó de 15$ el barril en 1970 a casi 100 en 10 años.  El paro, agravado por un cierto retraso en el sector productivo español, se elevó de un 4% en 1976 hasta el 22% de 1985. El número de trabajadores en la industria se redujo del 38% al 31,6% en el mismo periodo.

Pero los fríos datos ocultan una cruda realidad, que oprime el pecho por angustia, incluso para aquellos que no vivimos ese tiempo. Es quizás esa sensación lo que veo al mirar la vieja fábrica, cada pared que deja vacío su lugar, cada sección de techo que se retira, cada momento que la vieja fundición deja de ser la Arcelor-Mittal de Villaverde es un recuerdo de la Marconi que cerró, de la Boetticher que se fue a otro lado, de los obreros que se tuvieron que marchar a otro lugar, de las huelgas, las victorias y derrotas de tantas y tantas plantillas.

En mi imaginación de niño la fábrica era algo tenebroso y oscuro, que casi prefería no mirar, aunque era imposible resistir su atracción fatal; ahora ya, adulto, lo que me parece profundamente turbador es pensar que al mirar ya no estará y que si no lo remediamos, ocurrirá como en tantos otros casos, la Standard, la Renault, la Nissan… que habrán desaparecido de nuestros pueblos y ciudades, quedando en el recuerdo colectivo de lo que fue y lo que pudo haber sido, si con las mismas ganas y fuerzas con que los trabajadores pusieron en marcha la producción de estas fábricas cada mañana, si con esas mismas energías las hubiéramos defendido como nuestras…

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