Avrom Sutzkever: la poesía como escudo en el campo de batalla de la vida

Decir Avrom es decir judío, vivir en el gueto de Vilna —actual Lituania— e involucrarse en acciones de resistencia. Sutzkever, figura central en la cultura ídish por su obra literaria, resalta por las trágicas circunstancias en que gran parte de ella fue escrita. 

Sutzkever (1913-2010), nació en la ciudad industrial de Smorgon —actual Bielorrusia—, bajo el dominio zarista. Al estallar la Primera Guerra Mundial, la ciudad comenzó a sufrir continuos pogromos que tenían por empeño expulsar a la comunidad judía residente. Avrom, a este punto, huye a Siberia con toda su familia, donde prontamente fallecerá su padre, un violinista y rabino no practicante. En 1922 su madre y con ella los pequeños, retornan a la ciudad de Vilna. En este tiempo, Sutzkever empieza a asistir a una escuela secundaria, donde queda marcado por la poesía polaca. Su participación en la organización juvenil judía “Bin” (La abeja) suscita su latente afecto por la naturaleza, convirtiéndose de facto en un tema central de su posterior obra poética. Ya avanzada su adolescencia, empero, toma contacto con la literatura ídish, para más tarde llegar a ser agente fundador de un grupo literario “Yung Vilne”. A raíz de todo esto, comienza a publicar sus poemas, y en 1936 escribe Siberia, iluminado por sus años de exilio en aquella yerma región. Al siguiente año, se publica su primer libro de poesía: Lider, y en 1940, su segundo volumen de poemas, titulado Bosques, dedicado a la exaltación de la naturaleza. El poeta, como vamos viendo, no cuenta casi con poesía amorosa, no concurre en matices eróticos provocativos, sino que su mesura y recato propiamente judaico y su capacidad afectiva, residían centralizados en su pasión por la naturaleza.

avrom_vilnaShmerke Kaczerginski y Avrom Sutzskever, en el gueto de Vilna.

En 1941 todo vuelve a resquebrajarse, llega la ocupación nazi, exterminando a casi tres cuartas partes de la población judía de Lituania; junto con otros 60000 judíos, Sutzkever, su compañera y su madre, ingresaron en el gueto de Vilna, donde la madre del poeta y su hijo recién nacido fueron asesinados por los nazis, logrando Sutzkever y su esposa eludir milagrosamente la muerte auspiciada por las SS. Avrom encuentra la forma de poder gestionar y sublimar la situación en la que se ve inmerso, que no es otra que la que ya practicara desde la secundaria, esto es, la escritura de poesía: “No hay lágrimas / el poeta penetró en sus poemas”. Es dentro de este territorio donde también puede evocar la infancia, la inconsciencia: “Si con idéntica rapidez fuese posible / descalzar también por un instante / de sus pesadas botas a los pensamientos, / qué fácil sería salvar mil millas / de un salto descalzo / y caer en la propia infancia”. “Se canta lo que se pierde”, repetimos en bucle el verso de Antonio Machado.

Dentro del gueto, Sutzkever es reclutado por los alemanes para integrar un equipo que seleccionará libros de bibliotecas judías saqueadas, documentos valiosos que serían enviados a Alemania para erigir un “Museo de judaísmo sin judíos”. Avrom y sus colegas pudieron esconder gran parte de estas reliquias, siendo rescatadas luego de la liberación de la ciudad. El autor, y con él el pueblo judío, proseguían en el afán de sobrevivir a cualquier adversidad, ya que en esta forma de entender el mundo, la vida misma es el ejercicio del sentido. Es sagrada, y por esto nos cuenta en el poema Ejecución: “Cavo una fosa como se debe y ordenan / y busco consuelo en la tierra entretanto”. 

Sutzkever and his wife Frida 03:1944 (Markowa, Lithuania – The Partisans) From the photographic archives of Yad Vashem, IsraelSutzkever y su esposa, Frida, 1944 / Foto: Archivos Yad Vashem, Israel.

Pueblo mártir por excelencia, el que más padecimientos experimentó en la historia, fue también el que mejor cultivó la sublimación del dolor. A este pueblo, se dice que Dios le otorgó una incomparable vitalidad que convierte en creación el sufrimiento experimentado. Nos aclara aquí el poeta que se es “Testigo de un dolor que debe convertirse en luz” y se compromete de esta forma con la causa judía: “he dejado los ensueños y he emprendido las vigilias”. Deja entonces de suspirar fascinado en honor a las estrellas, y afina su lamento por el agrio sino del pueblo judío. Lo vemos más claramente en el poema Mi Madre VII, en el cual esta figura simboliza al pueblo. “En lugar tuyo encuentro tu camisón rasgado; / lo tomo y lo aprieto contra mi corazón avergonzado. / Los agujeros del camisón se hacen mis días / y su puntilla se vuelve la sierra que corta mi corazón. / Rasgo mis ropas y como si penetrara en mí mismo / penetro en tu abierto, desnudo camisón”. Cada miembro debe aportar su granito de arena. En este caso, la función del poeta es llevar las palabras calmantes y curativas: “Y será al fin de los días; / sucederá entonces: el hijo del hombre / no llevará más hasta su boca hambrienta / ni pan ni carne vacuna, ni higo ni miel; / probará apenas una palabra o dos / y quedará saciado”. El autor se siente responsable del destino de los suyos, de que sigan adelante, y por ende, tiene el deber de seguir escribiendo. Al mismo tiempo, Yahvé, patrimonio de este pueblo, se ha desentendido de sus hijos, y así lo ven ellos, al haber permitido el Holocausto. La comunidad se ve reflejada en su poema Padre e hija como juguetes abandonados, necesitados de un Dios responsable, de un padre que vele por ellos: “que los juguetes le lloran a Dios / porque ninguno de ellos tiene madre. / Cuida a tus pequeñas princesas, / que yo recuerdo un doloroso día: / siete calles cubiertas de muñecas / y en la ciudad no quedaba un solo niño”.

Avrom siguió escribiendo y se constituyó como líder de la actividad cultural de una comunidad que, gradualmente, iba siendo exterminada. ¿Cómo podía sentirse una persona judía después de franquear las experiencias infernales del gueto? ¿Qué pensamientos y sentimientos acosaban a un superviviente por milagro, que había visto a la muerte sentarse a su lado como una incansable compañera? Culpable. Habiendo muerto tantos, el veredicto es culpable por sobrevivir.

avrom_nurembergDibujo de Sutzkever, durante su testimonio en los juicios de Núremberg.

En septiembre de 1943, unos días antes de la liquidación del gueto, Sutzkever logra escapar a través de las cloacas, para terminar arribando a los bosques de la ciudad. Allí es donde se adhiere a los partisanos en la lucha contra los nazis. 

En 1946 el poeta fue testigo en el proceso de Núremberg, y un año después, junto con Jaim Grade —también integrante de “Yung vilne”—, representó a la literatura en ídish en el Congreso del PEN Internacional en Zürich. En 1948 publicó dos volúmenes de poesía: Di Yidische Gas y Sibir (La calle judía y Siberia), a través de los cuales evoca sus vivencias de la guerra, y a partir de 1949 tuvo a su cargo la edición de la revista trimestral “Die goldene keit” (La cadena de oro), la más importante publicación literaria en ídish, donde encontramos a los más selectos escritores, poetas y críticos de la literatura judía en esa lengua. Avrom siguió escribiendo y, a los 50 años, se publicó su obra completa hasta entonces, en 2 volúmenes. Finalmente, en 1985, le fue conferido el galardón literario más importante en el estado judío: Premio Israel de literatura ídish. En este hecho influyó su obra Lieder fun togbuj (Poemas de un diario), que compendia su obra entre 1974 y 1981.

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