Skip James, en el lado más oscuro del blues

El 25 de julio de 1964 un anciano demacrado y con aspecto enfermizo subió al escenario del Festival de Newport, el mayor evento de la época dedicado a la música folk norteamericana. El hombre avanzó sobre las tablas de forma insegura hasta alcanzar una silla, entonces se sentó, y tras afinar la guitarra que portaba, comenzó a cantar los siguientes versos: “I´d rather be the devil / Than be that woman´s man”.

El impacto entre el auditorio fue electrizante ante una voz aguda en falsete, que no parecía salir del cuerpo ajado que la emitía, fundida con la melodía trágica e inquietante que vertebraban los acordes de la guitarra. Se trataba de la canción Devil Got My Woman del bluesman Skip James, que no era otro que aquel viejo consumido, vestido con un traje típico de enterrador, resucitando para la música aquella tarde tras décadas de ausencia. El escritor Peter Guralnick fue testigo del suceso y lo describió de esta manera:

“Cuando las primeras notas empezaron a flotar por encima del campo, cuando la voz se cernió sobre nosotros, con el penetrante falsete recortado contra la afinación cruzada de la guitarra, hubo un instante de intensa expectación en el aire […]. Cuando terminó la canción y Skip, que había ido ganando confianza a medida que tocaba, levantó la vista y miró a su público, todo el campo estalló en aplausos y silbidos y una parte de toda esa terrible tensión se disipó”.

Skip James, Newport Folk Festival, 1964 / Foto: Rick Staehling.

Sin duda éste fue el momento culminante de la carrera de Skip James, iniciada en la década de los años 20 y perdida en el tiempo tras la Segunda Guerra Mundial. Hasta este punto, de Skip solamente quedaban para la posteridad una confusa leyenda y una serie de grabaciones muy difíciles de encontrar, únicamente disponibles en manos de coleccionistas. 

Pero la importancia de la figura de Skip James radica en que es el eslabón perdido que une el blues popular, la música de diversión de la población afroamericana de los Estados Unidos, con el género que llegó a florecer posteriormente, el blues con mayúsculas, un estilo dotado de una profundidad poética y de una capacidad expresiva significativas. Se trata de una música que originalmente nace en intérpretes anónimos con unos conocimientos musicales limitados y que hacían uso de unas técnicas de ejecución rudimentarias. En este sentido, otro bluesman, W.C. Handy, cuenta que descubrió esta música hacia 1903 al toparse en la estación ferroviaria de Tutwiler con un “negro flaco y ágil”, vestido en harapos, que cuando tocaba “apretaba un cuchillo contra las cuerdas de la guitarra, de un modo que popularizaron los guitarristas hawaianos que empleaban una barra de acero”. Era una tosca y primitiva técnica de slide, muy común en el blues posterior. Algo después el blues adquiere una dimensión más comercial como espectáculo y ya ostenta nombres propios, como Charley Patton, en el Delta del Mississippi, o Blind Lemon Jefferson, en Texas. No obstante, no fue hasta la llegada de Skip James en que el blues lima sus asperezas y se convierte en una manifestación artística de primer orden.

Skip James fue un músico sobresaliente, comparado con la media de bluesmen de la época, que podía tocar con soltura y habilidad tanto la guitarra como el piano, algo poco común entonces. Sus canciones suenan muy distintas al blues convencional y de hecho algunas no parecen blues en absoluto. Lo que realmente las caracteriza es el aire de tristeza oscura que destilan, una suerte de fatalidad siniestra, pero a la vez envolvente y atractiva. 

Mucho se especuló en los círculos especializados sobre cómo conseguía James sonar como sonaba. Algunos amantes del esoterismo por otro lado tan unido al género aventuraron que su guitarra estaba construida para él de una forma especial para poder emitir ese sonido tan hueco y opaco. Pero la realidad era mucho más sencilla. En primer lugar, utilizaba la llamada “afinación cruzada” en la guitarra, que no es otra cosa que afinar las cuerdas para que suenen al aire en el acorde de Mi menor, es decir, que cuando pulsamos las cuerdas sin poner ningún dedo sobre los trastes suena dicho acorde. Los acordes menores siempre transmiten una mayor emotividad, más gravedad o melancolía. Su forma de interpretar también incluía particularidades tales como pulsar las cuerdas con las uñas en vez de con las yemas de los dedos o utilizar mayormente el dedo corazón. Sin embargo, lo realmente singular de la música de Skip James es el registro tan alto de su voz, tan impropio del blues, y su forma de cantar en falsete.   

skip_james_john_hurt_1964John Hurt y Skip James, 1964.

Nació Hehemiah Curtis James en 1902 en una plantación cerca del pueblo de Bentonia, en el corazón del estado de Mississippi. Su madre, Phyllis, tenía cierto estatus en la finca dado que era empleada doméstica en la vivienda del dueño, y a su padre, Edward James, le vio poco durante su infancia puesto que abandonó a su suerte a su mujer y al retoño. Skip solamente recuerda de una de sus visitas que recibió una bofetada de él y que posteriormente discutió con la madre. 

A pesar de no criarse con un modelo paterno, el pequeño Curtis siguió en la vida los pasos de su progenitor como guitarrista y como contrabandista de whisky. Precisamente esta última ocupación le atraía más que la música, principalmente por su mayor rentabilidad, puesto que el tráfico de alcohol de maíz podía llegar a reportarle hasta sesenta o setenta dólares semanales, unos ingresos inimaginables para un trabajo honrado del campo y mucho menos para un guitarrista.

Un detalle que ilustra sobre el tipo de vida de rufián que llevaba Skip James es el hecho de que portaba una navaja y una pistola y alardeaba de saber manejarlas con habilidad. Sus relaciones eran en gran medida matones y prostitutas, como la pintoresca Mary Mitchell, con la que convivió hacia 1923, y que según el biógrafo Stephen Calt (I’d Rather Be the Devil. Skip James and the Blues, 1994) llevaba un cuchillo Bowie en el escote aparte de un revolver en partes más visibles de su anatomía.

Calt achaca la misoginia que supuran las canciones del bluesman a esas relaciones con mujeres bruscas de la calle, que de alguna manera marcaron sus relaciones con el sexo femenino. Muchas de sus letras hablan de violencia física hacia las mujeres, como Crow Jane (“Shoot Crow Jane just to see her fall”  “Dispararé a Crow Jane solamente por verla caer”) o 22-20 Blues (“If I send for my baby and she don´t come /All the doctors in Wisconsin, they won´t help her none”  “Si llamo a mi chica y no viene ni todos los médicos de Wisconsin podrán salvarla”). 

Skip James, Newport Folk Festival, 1964_foto_jim_marshallSkip James, Newport Folk Festival, 1964 / Foto: Jim Marshall.

Ciertamente la infidelidad y posterior abandono de su primera mujer no contribuyó a mejorar su visión del sexo opuesto. Se llamaba Oscella Robinson y procedía de una familia respetable de Bentonia. La pareja se estableció en Texas, donde James trabajó como músico, pero pronto ella le dejó por un veterano de la Primera Guerra Mundial. Su ánimo quedó devastado y no volvió a contraer matrimonio hasta la edad madura. Sin duda, fue el hecho que inspiró su tema más conocido, el ya citado Devil Got My Woman (El Diablo se llevó a mi mujer).

A pesar de que un cazatalentos de una compañía de discos le hizo una oferta en 1927, no fue hasta 1931 en que pisó un estudio de grabación de la compañía Paramount para registrar sus temas. Skip James viajó a Wisconsin y allí los representantes de la casa le preguntaron sobre cuántas canciones podía grabar. “Todas las que quieran”, fue su contestación. Y efectivamente, según el propio testimonio del músico, en aquellas sesiones grabó nada menos que veintiséis piezas de las cuales salieron al mercado dieciocho.

Paramount decidió comercializar primero uno de los temas más sombríos de James, Hard Times Killin´ Floor Blues (El blues del matadero de los tiempos difíciles), un fresco hipnótico y desesperanzado sobre los efectos de la Gran Depresión en la población norteamericana. El lanzamiento fue un fracaso, probablemente porque la gente lo que buscaba en la música era evadirse y no tener que recordar su horrible día a día. Pero la compañía siguió apostando por el bluesman y por su lado más oscuro, publicando seguidamente los temas al piano 22-20 Blues y If You Haven´t Any Hay Get on Down the Road, y posteriormente hasta seis piezas “sombrías” más, antes de decidir el cambiar de tercio y publicar la algo más optimista I´m So Glad (Estoy tan contento).

Lo cierto es que la música de Skip James no funcionó comercialmente en aquella década turbulenta de los años treinta y después de la guerra su pista se pierde durante dos décadas, hasta que tiene lugar su redescubrimiento musical en 1964. Las ediciones de discos de la Paramount partían de tiradas muy limitadas de ejemplares por lo que las grabaciones de James con el tiempo se convirtieron en rarezas para coleccionistas y eruditos. La empresa no tuvo la capacidad de lanzar adecuadamente su carrera. No obstante, la influencia del músico sobre otros bluesmen que han pasado la historia, como el mismísimo Robert Johnson, es decisiva y reconocida por todos.

Si no llega a ser por el interés que despertó la música de raíces norteamericana en ambientes académicos a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, la historia de Skip James hubiera acabado en aquellas lejanas grabaciones de Wisconsin de 1931. Sin embargo, la obsesión por saber qué fue de James de dos arqueólogos musicales, John Fahey y Ed Denson, les llevó hasta el Delta del Mississippi en una búsqueda a ciegas, basada en unas pocas pistas y en mucha intuición. Y la aventura fue coronada por el éxito: encontraron finalmente al mítico bluesman que, aun viejo y enfermo de cáncer, volvió fugazmente al frente musical de los escenarios y de los estudios de grabación. Sin esta resurrección probablemente hoy nadie sabría quién fue Skip James y cómo sonaba su maravillosa música. Bien está lo que bien acaba.

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