Vivian Maier, el enigma decisivo

Tanto talento, tanto misterio. Pasan los días, después de conocer la historia de Vivian Maier, y permanece una fascinación enfebrecida. Hay algo inconmensurable y malsano. Demasiadas preguntas en el precipicio de la especulación. Desde hace cinco años, las fotografías que hizo esta mujer el siglo pasado han corrido de muro en muro, por internet, museos, galerías. Un sinfín de instantáneas tiernas, amargas, íntimas, profundas, inteligentes, mordaces, maravillosamente humanas. Antes, una desconocida absoluta. Nadie había oído ni visto jamás nada sobre una fotógrafa llamada Vivian Maier. ¿Cómo es posible? Su obra está a la altura de un Cartier-Bresson o un Doisneau. Artística y técnicamente, una figura de primer orden, una de las mejores cámaras urbanas del mundo. Pero Vivian Maier nunca ejerció profesionalmente, es más, disparó cerca de ciento cincuenta mil fotografías a lo largo de medio siglo y apenas llegó a revelar algunas pocas decenas. Murió a los 83 años, en 2009, en Chicago. Sus últimos años vivió sola en un pequeño apartamento, no tenía dinero ni familia. El alquiler lo pagaban los hermanos Gensburg, a quienes había cuidado años atrás, cuando eran niños. Porque ese era su trabajo, durante cuarenta años fue niñera. Sin ninguna otra ocupación profesional. Así se ganó la vida, cuidando niños y limpiando casas, trasladándose de un hogar a otro en Nueva York y sobre todo en Chicago, por un pobre sueldo y una habitación con cerrojo. Hasta que se jubiló, sin ningún ahorro, pero con dos centenares de cajas y maletas llenas de rollos de película fotográfica, y unas cuantas cosas más…

VivianMaier_VM19XXW04206-07-MCAutoretrato, sin fecha / Vivian Maier.

A finales de 2007, John Maalof, un joven de 27 años, se encontraba buscando fotografías para un libro histórico que andaba escribiendo sobre el barrio de Chicago donde vivía. En una subasta pública encontró una caja que contenía miles de negativos de la ciudad durante los años 50 y 60; pujó por ella 380 dólares y fue suya. Por desgracia para su proyecto, no había nada que le sirviera en aquella caja. Sin embargo, y sin tener ni idea de fotografía, acertó a reconocer una serie de instantáneas en blanco y negro que le parecieron de un talento inusual. Pero no había más evidencia que aquella. La caja se quedó otro año esperando, esta vez en el ático de su casa, mientras el joven indagaba el origen de aquellas imágenes y aprendía todo lo que podía sobre el mundo de la foto. Entre tanto, en la misma ciudad, la autora de las fotografías seguía viva. Vivian Maier, una anciana octogenaria se sentaba todos los días varias horas en un tranquilo banco de Rogers Park, celosamente solitaria, como siempre había sido.

July 27, 1954, New York, NYNueva York, 1954 / Vivian Maier.

La historia del descubrimiento azaroso del joven Maloof es hoy mundialmente conocida. Uno de los documentales nominados a los Oscar 2015 fue precisamente el que cuenta la historia de Vivian y su descubrimiento, que el propio Maloof —un tipo inquieto— dirigió. En 2009, después de no encontrar rastro alguno de la tal Maier que firmaba las fotos y sin que le sirvieran para su proyecto originario, publicó un blog con algunas de ellas. El efecto de la publicación se hizo viral. Vivian Maier, sin embargo, continuaba siendo el nombre de nadie conocido, hasta que una necrológica, a los pocos días, le ofreció al joven la primera referencia fiable: una anciana de origen francés, niñera de profesión, a quienes los propios autores de la necrológica califican de “segunda madre” y —atención— “fotógrafa extraordinaria”. La sorpresa cabe imaginarla. Después vino el verdadero descubrimiento, más y más fotos, pero ante todo: una persona, una mujer singularmente enigmática, un recuerdo tierno y ambiguo, una presencia esquiva. Una de las historias más fascinantes del arte moderno.

UndatedFoto sin datar / Vivian Maier.

Todo lo que se sabe sobre Vivian Maier ha venido originado por la búsqueda de John Maloof. La web sobre Vivian creada por Maloof contiene algo más de 300 fotografías, así como el relato del descubrimiento. No tiene desperdicio. Hacer correr lentamente sus galerías fotográficas es un placer hipnótico. El documental, titulado Finding Vivian Maier, permite ahondar en el misterio de esta mujer extravagante como pocas. Sirviéndose de los testimonios de varios de los niños —ya adultos— que estuvieron a su cuidado, de sus padres y de otros conocidos distantes, dibuja una figura que no deja de crecer en su misterio. Cuanto más se sabe sobre Vivian Maier —y no son muchos los datos sobre su vida— más atractiva y enigmática se presenta su personalidad. Pocas certezas más allá de su apariencia estrafalaria y de su desempeño laboral de una casa a otra de Chicago. En su búsqueda, Maloof va desde unos trasteros de alquiler a las afueras de la ciudad —donde da con las decenas de cajas que guardan los innumerables enseres que Vivian acumuló a lo largo de su vida, incluidos otros tantos miles de rollos fotográficos—, hasta un pueblecito en los Alpes franceses donde no resulta desconocido su nombre. Por fotografías y otros documentos se sabe que interrumpió pocas veces su actividad laboral, pero que cuando lo hizo fue para recorrer el mundo. ¿Viajes obligados para completar su obra fotográfica o simples vacaciones de una turista solitaria y curiosa? Entre 1951 y 1965 su cámara Rolleyflex disparó en Canadá, por toda Sudamérica, Asia, Oriente Medio, Europa, Florida y el Caribe. 

August 22, 1956. Chicago, ILChicago, 1956 / Vivian Maier.

La película de Maloof presenta a la mujer extravagante y misteriosa, la Mary Poppins de un metro ochenta, con botas militares, exigiendo cerrojos en su habitación en todas las casas donde habitaba, reacia a hablar sobre sí misma, que daba nombres falsos en las tiendas, obsesionada con las noticias más truculentas, coleccionista de miles de periódicos, muestra a la tierna “segunda madre” y a la presunta maltratadora, a la vieja encarada y meditabunda sentada sola en el banco del parque. En definitiva, a la Vivian según los otros, según el mundo que la conoció, siempre de lejos, hasta cuando la tuvieron cerca. Pero es incapaz de romper la frontera interior. Ahí Vivian resiste, aún. Y todas las preguntas verdaderamente importantes siguen sin una respuesta corroborada.

September 26, 1954, New York, NYNueva York, 1954 / Vivian Maier.

¿Por qué no quiso dedicarse Vivian profesionalmente a la fotografía? ¿Era consciente de su talento? Vivian utilizó una cámara Rolleyflex para la mayoría de sus fotos, una cara cámara profesional, que solo compraban quienes sabían que le sacarían partido. Además, el hecho de conservar miles y miles de negativos no es el comportamiento de quien no confía en el valor de su trabajo. ¿Por qué no imprimió sus fotografías? Hay quien dice que no contaba con los recursos económicos necesarios. Puede que el mísero salario de niñera no diese para mucho, pero lo cierto es que entre 1951 y 1965 tuvo recursos para hacer varios viajes al extranjero, y la mayor parte de su producción se concentra en esos años. Quien esto escribe cree que ella era consciente de su talento, que creía en su trabajo. Si no se dedicó profesionalmente a ello ni imprimió sus fotografías fue por algo concreto y meditado, un motivo que desconocemos.

VivianMaier_Self-Portrait, 1955_VM1955W03420-05-MCAutorretrato, 1955 / Vivian Maier.

De nuestra parte, todo es especulación y tristeza. Pareciera que Vivian hubiese decidido dar, mejor dicho, dejar testimonio de su paso por el mundo y de su visión, pero que, en un momento dado, hubiera considerado lo contrario, que luego hubiese dudado, y finalmente optado por postergar la revelación del secreto al tiempo en que ya nadie la pudiera molestar. El mundo que había retratado era tierno, pero inequívocamente desalentador. Un lugar donde pasa la luz, pero en el que abundan las sombras. ¿Era ese su testimonio? Tal vez consideró que para poder desarrollar su trabajo, siendo como ella era, no tenía otra opción que camuflarse bajo la apariencia de un ser extraño pero admitido y útil para las tareas de la sociedad. Lo único claro es que no quiso ser otra cosa que lo que fue. Si realmente confió en que alguien descubriese alguna vez sus miles de carretes sin revelar y su obra acabara expuesta públicamente, es imposible saberlo ahora mismo. Quizás con los años aparezca alguna otra caja suya, con un diario o kilómetros de cinta filmada, dando respuesta de puño y letra o en viva voz y mirando a cámara a todas estas cuestiones. ¿Quién sabe? Sea como sea, su obra fotográfica ya ha triunfado, y su misterio, también. 

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