¿Qué has hecho para merecer esto, Ryan Gosling?

Debe ser que me hago viejo y me ablando con unos, o que no envejezco tanto como creo pero me endurezco con otros. Yo no sé lo que me pasa. Pero iba preparado a disfrutar del sabor del cuchillo entre los dientes mientras veía Lost River —opera prima como director de Ryan ‘chico de oro’ Gosling—, a la que todo el mundo ha puesto a parir desde su estreno en Cannes en 2014. Y resulta que acabo casi contento con lo que he visto. Yo no sé… 

A Gosling, en su debut tras las cámaras, le han puesto a caer de un burro: pretencioso, mal imitador de Lynch, presuntuoso, mal imitador de Malick, sin ritmo, mal imitador de Cronenberg, insulso, artificioso, caótico, rimbombante, fallido, un enorme bluff. Y a mí va y me gusta, o por lo menos me entretiene y no me crispa lo que el chaval ha hecho. No sé lo que me pasa. Tal vez sea solo el exquisito gusto de llevar la contraria.

lost river_setUn momento del rodaje de Lost River / Foto: Bold Films/Marc Platt Productions/Phantasma.

Lost River tiene muchos defectos, es cierto. Pero ninguno fatal. No es una historia original, pero… cuál lo es. Se deja llevar por el efectismo visual —su gran error—, gustándose en una foto preciosista y peca de videoclipera, con mucha cámara lenta, mucho contraluz, mucha imaginería simbólica y mucho juego de luces sobre colores puros. Pero ¿y qué? Nada que no hayan hecho con la misma pesadez y, a menudo sin contar absolutamente nada, intocables de la talla de Lynch, Wenders, Cronenberg —Malick queda absuelto, de momento, aunque por poco— y otros afamados ‘autores’. 

Entiendo que cualquiera quisiera meterle mano —en muchos sentidos— a Ryan Gosling, y pegarle un repasito al chico mimado de Hollywood. Sin duda el tío se ha beneficiado de su estatus de estrella para divertirse un rato jugando al artisteo total. Pero le ha salido, después de todo, una peliculita pasable. Con un tono que ya se ha visto mil veces, pero que es correcto y no fácil de trabajar: un cuento perverso y bizarro, con elementos de impronta onírica y surrealista, en un lugar ficticio y en un tiempo indeterminado, una realidad grotesca y apocalíptica. Una historieta con un lugar como protagonista —que le da nombre a la peli—, un héroe joven, una princesa valiente, una madre coraje y un par de villanos despreciables y horripilantes. Con eso, Gosling se las arregla para armar un guión sencillo que avanza ágil hasta el esperado final de montaje alterno. Nada nuevo, de acuerdo, pero bien ejecutado en términos narrativos. Y acierta de manera destacada en un aspecto: la atmósfera. El trabajo de localizaciones es maravilloso. Normal que con esos parajes el novato se deje embaucar y caiga en la contemplación kitsch.

Si le quedan ganas de volver a ponerse detrás de las cámaras, a buen seguro que el bueno de Gosling aprende la lección. Si no, que alguien se la cuente: no te enamores ni de la mejor de tus ideas y, si es necesario, sacrifícala. Abandona la cámara lenta y la música que invite a conducir de noche horas y horas si lo único que hacen es alargar la historia sin contar nada nuevo. Neones y ropa de colores vivos no construyen un universo, de hecho suelen poner en evidencia el cartón-piedra. Y no le des un papel nunca más a Christina Hendricks. Con eso, le irá bien. Y podrá decirle con toda razón a los del tendido crítico de la sala, un muy simple y casi naif: ¡buuu, fuera! —como ha hecho esta vez (literalmente), sin dejar de comportarse como el amoroso Noa que tantos pañuelos ha empapado.

Y ahora, por último, vamos con esos: los del tendido crítico. Es que me tocan la moral. Cada vez los entiendo menos, hacen leña de ciertos traspiés en un afán de generarse un estilo, una imagen de intransigencia molona. Destruyen solemnemente, como si de un acto de venganza o restitución del honor se tratase, contra aquello que no merece más que un cachete educacional. Y sin embargo, se deshacen en halagos con lo último en trascendentalismo surcoreano, tonterías al estilo Lost In Traslation o infumables como los de Alexander Payne. En fin, tal vez lo mejor de Lost River es que si les gusta, podrán envanecerse y disfrutar el sibarita gusto de no compartir una opinión mayoritaria.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies