No estén contentos con la derrota (el resurgir del fascismo)

El 30 de abril de 1945 el cadáver de Adolf Hitler ardía junto al de su reciente esposa Eva Braun en los jardines de la Cancillería de Berlín. El día anterior los cuerpos de Benito Mussolini y su amante Clara Petacci colgaban de los pies en la Plaza Loreto de Milán, después de haber sido fusilados. El final de los líderes nazi y fascista y de sus regímenes en Alemania e Italia tocaba a su fin de la única manera que era lógico imaginar, en un clima de furia y terror. Con un Berlín cayendo minuto a minuto, inexorablemente, bajo el control del Ejército soviético, en la Cancillería donde Hitler y Eva Braun se suicidaron —lo mismo que el matrimonio Goebbels, que además mataron a sus hijas— la mayor parte de los soldados y del personal nazi que quedaba se entregaba a una última y decadente orgía de sexo y alcohol. En Milán, los cadáveres de Mussolini y Petacci acababan siendo no solo colgados sino golpeados rabiosamente por el pueblo, hasta desfigurar el rostro del dictador. Finales en el único ambiente posible tras más de una década de terror en Alemania y dos en Italia, coronadas por una guerra mundial. 

El fascismo había surgido como fenómeno en el Reino de Italia y desarrolló su más radical configuración en la Alemania del Tercer Reich. Nazi-fascismo es un término, por lo tanto, que bien se puede utilzar hoy para definir no solo los episodios históricos de los años 20, 30 y 40 en Italia y Alemania, sino el tipo de gobierno e ideología más terroríficos que tienen cabida bajo el sistema capitalista. Cuando el fascismo gobierna ha sido siempre al amparo y para gestionar de la manera más brutal los intereses de los grandes monopolios empresariales. Fueron las grandes empresas alemanas las que financiaron a Hitler desde sus inicios —“Millones me auparon” rezaba un fotomontaje del artista John Heartfield, haciendo un juego de palabras en referencia no a los millones de votos (que esgrimían los partidarios nazis) sino a los millones de marcos que hicieron posible la llegada al poder de Hitler. 

Heartfield“Millones me auparon”, fotomontaje de John Heartfield.

La abrupta derrota del fascismo en la guerra y el desvelamiento mundial de los horrores nazis generó una subjetividad de irrevocabilidad histórica. Parecía haberse puesto final a algo que no podía volver a ocurrir, un error que podía volver a suceder. Pero lo cierto no es solo que volvió a ocurrir, sino que en ese mismo momento no dejó de hacerlo. En España, abandonada por todas las potencias capitalistas del mundo —hasta las mas democráticas—, nos quedaban aún tres décadas de dictadura fascista. En Portugal ocurría exactamente lo mismo. En Latinoamérica —con el apoyo fundamental de los Estados Unidos— estarían por llegar las dictaduras fascistas de Chile, Argentina, Uruguay y otros tantos países.

La Segunda Guerra Mundial jugó un papel esencial como mecanismo para salir de la crisis económica que el capitalismo padecía a nivel internacional. El ciclo de auge económico surgido con la reconstrucción de Europa tras el reordenamiento por la fuerza de los grandes capitales, permitió presentar la obsolescencia del fascismo como modelo de gestión gubernamental —corriendo un tupido velo sobre España y Portugal—, implementando un nuevo sistema de provisión social avanzado —el famoso Estado del Bienestar— en los países del capitalismo desarrollado, a fin de asegurarse la paz social y hacer frente al prestigio soviético y a la tentación popular de emular a los países del este del continente.

La derrota histórica del fascismo se dio relativamente, pero se promulgó como definitiva. El resurgir del fascismo en la Europa contemporánea pone de manifiesto, en un nuevo contexto de crisis económica mundial, la reproducción de esquemas pasados, actualizados y en consonancia con una realidad histórica diferente pero con similitudes.

En las última elecciones al Parlamento Europeo los resultados dieron muestra del fenómeno de promoción y connivencia —el error que no se iba a volver a permitir— del fascismo como opción de gestión del capitalismo en tiempos de crisis. En Dinamarca, el partido más votado fue el ultranacionalista Dans Folkeparti. En Finlandia, el partido Verdaderos Finlandeses consiguió un 12% de los votos y representación de dos eurodiputados. El abiertamente nazi-fascista JOBBIK, de Hungría, logró casi el 15% de los votos y tres eurodiputados. En el Reino Unido, el partido más votado por el UKIP. En Grecia, los nazis de Amanecer Dorado consiguieron el 9% de los votos. Y en Francia el Frente Nacional de los Le Pen el 25%, siendo el partido más votado.

Son estos dos últimos casos, el de Francia y el de Grecia, junto con la situación en Ucrania, los que ponen de manera más paradigmática los diferentes pero a fin de cuentas concurrentes caminos que transita el nuevo fascismo en Europa.

Amanecer doradoManifestación de Amanecer Dorado, Grecia 2014.

En Grecia, Amanecer Dorado reproduce el modelo clásico de organización criminal y escuadrismo del primer fascismo de los Camisas Negras y de las SS nazis. La mayor parte de sus cuadros dirigentes están encarcelados por delitos de asesinato, violación y todo tipo de negocios ilícitos. A pesar de ello —incluso en la actual etapa de gobierno de SYRIZA— han disfrutado de todos los recursos institucionales del Estado a la hora de concurrir a elecciones y de participar con normalidad en la vida política del país —durante las elecciones municipales y regionales de 2014, a excepción del Partido Comunista de Grecia, que se opuso, el total de partidos consideraron que Amanecer Dorado debía contar con las mismas posibilidades de aparecer en televisión durante la campaña que el resto de organizaciones, a fin de “preservar la democracia”—. No es casual que el desarrollo exponencial de Amanecer Dorado, el más radical y evidente de los casos de paramilitarismo nazi-fascista de Europa se haya dado en Grecia, el país que con más virulencia está sufriendo la crisis y el único de Europa en el que permaneció, después de la desaparición del bloque socialista, un Partido Comunista de tipo leninista con fuerte arraigo y apoyo popular.

bandera-kiev-city-hall-2Retrato de Stepan Bandera en el Ayuntamiento de Kiev, Ucrania 2014.

En Ucrania, las disputas entre los capitales europeos y estadounidenses contra los capitalistas rusos, derivó en el golpe de estado de Euromaidan. Uno de los papeles protagonistas de lo que se presentaba como un movimiento de revolución democrática fueron los partidos neonazis Svoboda y Pravy Sektor. Stepan Bandera, el histórico líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, aliado de la Alemania nazi, y que se ocupó de la deportación de miles de judíos ucranianos a los campos de concentración, es la figura inspiradora de ambos grupos, hasta el punto de que su retrato ha sido habitual en las manifestaciones y edificios ocupados durante la “revolución democrática”. En Ucrania, el gobierno apoyado por la Unión Europea y los Estados Unidos, acaba de ilegalizar al Partido Comunista. El 2 de mayo de 2014, miembros de Pravy Sektor condenaron las salidas y prendieron fuego a la Casa de los Sindicatos de Odessa, con decenas de activistas anti-Maidan dentro. Murieron cuarenta y dos personas en el incendio. En el parlamento ucraniano, donde están prohibidos los comunistas, sí tienen representación los neonazis; la diputada de Svoboda, Irina Farion, pudo expresar desde su escaño, después del incendio de la Casa de los Sindicatos: “Bravo, Odesa. Que los demonios se quemen en el infierno”.

El caso francés, por su parte, es uno de los más sugerentes sobre el alcance y el origen del resurgir del fascismo. Que en el idealizado país de la libertad, la igualdad y la fraternidad, y de la muy fílmica Ressistance, triunfe el Frente Nacional y pueda, por los caminos de la legalidad parlamentaria auparse al poder gubernamental es síntoma de la profundidad de la crisis del sistema socioeconómico y de hasta dónde están dispuestos a llegar los grandes capitales para hacer frente a su inevitable y autodestructivo proceso de concentración. 

FN_Le penEl Frente Nacional de Marine Le Pen, Francia 2015.

Un estudio profuso de los capitales que están detrás de todos los partidos europeos que protagonizan la nueva ola del fascismo se vuelve necesario en su proyección y conocimiento masivo. El fascismo es un fenómeno histórico que se ajusta a las necesidad del desarrollo económico del capitalismo. La generación de una amplia campaña ideológica acompaña también el apoyo financiero y político del que el fascismo disfruta y gracias al cual llegó al poder en los años 20 y 30. Las teorías de los dos extremos o los dos demonios o la falaz preservación de las garantías democráticas, incluso para las organizaciones criminales neonazis, son vehículos de naturalización y reforzamiento de la ideología fascista.

Hace setenta años, la amenaza fascista fue vencida a costo de un enorme sacrificio de vidas, pero el monstruo sigue vivo mientras no se acabe con el sistema que lo engendra. El dramaturgo Bertolt Brecht lo expresaba con agria claridad tras la muerte de Hitler: “Señores, no estén tan contentos con la derrota […] Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo”. Por desgracia, tenía razón.

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