Mike Ehrmantraut, la palabra del hombre triste

Cuando Breaking Bad finalizó, la mayoría de sus millones de seguidores en todo el mundo sonrieron, en un gesto de aprobación amarga. Lo que había comenzado siendo un extraño relato en los polvorientos parajes de Nuevo México, con el ritmo propio del desierto, finalizó un una explosión de fuegos artificiales en la noche llena de espectadores. El experimento del protagonista convertido en antagonista se había demostrado brillante. Pero la historia, impecablemente narrada en las primeras temporadas, se resintió a partir de la cuarta, y solo el acertado final consiguió pasar el tupido velo. La reiteración de zancadillas argumentales, el colocar una vez tras otra a los protagonistas en situaciones sin salida aparente, crispó con razón a más de uno. Como contrapartida, había dejado unos cuantos personajes superlativos, sobre cuyo atractivo había descansado buena parte del éxito final de la serie.

Mike en Better Call SaulMike Ehrmantraut (Jonathan Banks) en Better Call Saul / AMC Estudios

Cuando Walter White se hizo definitivamente repulsivo, cuando a la concurrencia televisiva se le acabó la compasión y comenzó a desear su castigo, tomaron el relevo como antihéroes unos pocos personajes majestuosamente interpretados: en primer lugar, Jesse Pinkman, el más trágico de los papeles de la serie; en segundo lugar, Saul Goodman, el noble abogado de los culpables; tercero, Hank Schrader, obstinado cuñado y policía; y por último, Mike Ehrmantraut, el sabio y lacónico sicario de mirada triste. 

La gran fuerza de Breaking Bad estuvo finalmente en sus personajes, tanto que la historia de Walter White había revelado que no era la única digna de ser contada. La realización del spin off titulado Better Call Saul, con el personaje de Saul Goodman como protagonista de la nueva serie así lo demuestra. Al término de su primera temporada —solo 10 episodios— se puede estar contento por una historia —en el universo de Breaking Bad— que camina por sí sola, sin necesidad de haber visto la historia de Heisenberg. En su primera temporada, Better Call Saul ha demostrado la valentía de definirse como drama, de utilizar un ritmo aún más pausado que el de la primera temporada de Breaking Bad. Se centra en los dramas humanos, y las tramas están al servicio de éstos. Otro punto para los personajes. 

Es la historia —y no tan solo— de Saul Goodman, tal vez el más transparente de los abogados de Nuevo México y, por lo que vemos al conocer sus orígenes, tal vez el más noble. Better Call Saul, en su comienzo, es una historia sobre el peso del pasado, brutalmente melancólica. La historia de un pasado dentro de otro pasado, de hombres sin familia en busca de una familia, perdida o hallada. La historia de James McGill —Saul antes de Saul—. Y el comienzo de la maravillosamente triste historia de Mike Ehrmantraut, un personaje para las antologías del género negro.

Mike_f0La confesión de Mike en Better Call Saul / AMC Estudios

El desvelamiento del pecado original de Mike en el sexto capítulo de la serie —Five-O, exclusivamente dedicado a él— es un regalo exquisito para los amantes del noir. No hay género que sirva para hablar del dolor de la memoria y la fatalidad del presente como el negro. Los personajes se caracterizan por su pelea contra lo que se adviene. Son existencialistas virulentos, no transigen ni un poco con la idea de lo predestinado. Ellos marcan su camino, y en él caen. Five-O deja para la historia de las pantallas —pequeñas o grandes— planos enormes en su hondura dramática, descansando sobre un personaje en el que las palabras se expresan con una economía espeluznante, interpretado por el veterano Jonathan Banks, que ofrece uno de los monólogos confesionales más conmovedores de las ficción de los últimos años.

El terrible drama, sencillo y perfectamente armado, que condiciona la mirada de Mike Ehrmantraut, eleva al personaje a las alturas de los más célebres antihéroes. Quienes han visto Breaking Bad y conocen su final, no pueden más que terminar por sentirse admirados ante el hombre triste. De todos los personajes que surgieron alrededor de Walter White, había solo uno que permitía la posibilidad de fantasear con vivir su vida, aun sabiendo que el dolor era inevitable. Por su sentido del honor y su integridad, por su feroz y silenciosa independencia: el misterioso Mike.

Los personajes de hombres tristes suelen ser transmisores de nobleza. Aunque lo más correcto sería hablar de tipos nobles, que por eso mismo están tristes. La nobleza de Mike se expresa en su lealtad a la palabra dada, en sus silencios, en la parsimonia de sus horas muertas en la garita de un parking, en las miradas de lejos a los seres queridos, en sus desayunos solitarios, en la bajada convaleciente de un tren después de un largo viaje nocturno, en las lágrimas del padre con la pena más grande posible.

Aun queda por ver lo que nos depararán las próximas temporadas de Better Call Saul, si seguirá en su reposada y agridulce contemplación de dramas humanos o se perderá en laberintos de intrigas. Pero una cuestión resulta interesante —sobre todo si el nivel de la historia, cuando termine, ha conseguido mantenerse a la altura inicial—, la posibilidad —reducida a quienes no hayan visto antes Breaking Bad— de conocer la historia de estos personajes de manera cronológica. Me temo que no es lo mismo enfrentarse a los avatares y a las personalidades de Saul y de Mike junto a Walter White conociendo cómo han llegado hasta ahí, que sin conocerlos de antes. 

La mayor parte del mundo ya sabe el principio y sobre todo el final de Mike Ehrmantraut. Por suerte, nos queda seguir disfrutando de lo dicho y lo callado de un personaje triste al que tantos quisiéramos parecernos antes de morir en paz.

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