El himno del desprecio eterno a los pijos del mundo

Hace unos días me topé, después de muchos años, con un viejo conocido de mi barrio de la infancia. Él iba conduciendo y no paró en el paso de cebra que yo me disponía a cruzar. Me cagué en sus muertos y me acordé de una canción que se hizo famosa en aquella época en que ambos vivíamos en la misma calle: Common People, de Pulp

Los primeros años 90 fue un tiempo de cosas imprevistas. Una de ellas ocurrió en Inglaterra. En 1995 un grupo de pop de Sheffield, que había vivido con poca o ninguna gloria más de una década de carrera, a pesar de firmar cuatro discos tan enormes como desapercibidos, sin haber hecho otra cosa que fajarse y resistir cantando poprock en pequeños locales durante la dictadura del techno y del house discotequeros, dio uno de los conciertos de la década, poniendo con el corazón en un puño a cien mil personas en el cierre del festival de música más importante de Inglaterra —y cabría decir del mundo—. 

Melt! Festival 2011

El 24 de junio de 1995, en Glastonbury, tenían que cerrar los Stone Roses, pero un accidente en bicicleta de uno de sus miembros obligó a cancelar la actuación. Había dos opciones para suplir la baja en el escenario principal: Rod Stewart o Pulp. Una estrella consagrada o unos eternos olvidados. Los de Sheffield sólo habían dado dos conciertos ese año, pero un mes antes habían sacado un single que apuntaba alto. Justo cuando la idea de una retirada, ante la falta de reconocimiento y de perspectivas, con la treintena recién cumplida, parecía indicar que había llegado el momento de buscarse la vida como la gente normal y poner el broche final a la aventura rockera. Quedaría un bonito recuerdo de juventud. Entonces, les sonrió la suerte. 

Las tablas del escenario principal de Glastonbury eran suyas. Debían estar temblando como flanes, pero ofrecieron, quizás, la mejor hora de música y espectáculo de la historia del festival. Y cerraron con ese extraño hit que estaba sacudiendo las ondas inglesas: Common People —la canción que, según pasan los años, más y más se confirma como verdadero himno representativo del britpop, por su fuerza y su mensaje.

Common People era una rareza, como todo el álbum que la enmarcaría ese mismo otoño, Different Class, el quinto de la banda. Recordemos, año 95: aún sonando los petardos de la fiesta de una parte tras la caída del telón de acero, el fin de la historia, se decía. Y Pulp van y sacan un disco pop sobre sexo, verdades y lucha de clases. El tema Common People, una sobredosis de adrenalina y orgullo de los bajos fondos, se colocó en el número dos de las listas de éxitos británicas. Common people, gente corriente. Una oda al orgullo de la clase trabajadora y un escupitajo en toda la cara a los turistas de las clases altas que pasan de vacaciones experimentales por los barrios obreros. “¿Quieres vivir como la gente corriente? ¿Quieres ver lo que sea que ve la gente corriente? ¿Quieres acostarte con gente corriente, como yo? … Alquila un piso encima de una tienda. Córtate el pelo y busca trabajo. Fuma un cigarro y juega al billar. Finge que no has ido a la escuela, y aún así nunca lo conseguirás. Porque cuando estés tumbada en la cama por la noche, viendo las cucarachas en la pared, una llamada a tu papá podrá arreglarlo todo”. 

La canción cuenta la historia de una chica pija que quiere zambullirse en el mundo de los pobres trabajadores que van al supermercado y al trabajo y al bar, y así un día tras otro. Ver y sentir como vive la gente normal. Incluso —oh, maravillosa aventura— acostarse con gente corriente. Es la historia de esta supuesta pija aventurera en los suburbios, que no podrá, jamás de los jamases, ser una más entre el común de los mortales proletarios. La letra está inspirada en una anécdota personal de Jarvis Cocker —el cantante y líder de la banda— durante sus tiempos universitarios, cuando parece ser que conoció a una compañera de clase, una chica griega de padres millonarios, que quería vivir una experiencia de este tipo. La anécdota, contada con ese fino cinismo de intelectual barriobajero, y cantada con la fuerza de un grupo infinito de amigos de ronda por el callejón más grande del mundo, se convirtió en una invitación a saltar y bailar por lo que éramos, sin complejos y con todo el desprecio por los de la clase diferente.

pulp_common people

Por su fuerza arrebatadora, se convirtió en un himno contra tanto niño bien haciéndose pasar por pobre. Y cayó en el momento justo en que se alzaba la fenomenal ola del britpop, que sacudía como nunca antes la escena musical británica y de toda Europa. Fueron pocos años, pero un puñado de grupos ingleses le pegaron un vuelco a las ondas radiofónicas y a los escenarios. Grupos con una facilidad pasmosa para sacarse canciones épicas de la manga. Mucho se ha discutido sobre el pistoletazo de partida y los padres del movimiento, sobre cuál fue la banda más importante y cuál la canción más representativa del britpop. Casi un par de décadas después, quien esto escribe no tiene duda: por justicia a una trayectoria previa, por coherencia artística, por sus méritos en directo, su capacidad de liderazgo y por el mensaje escrito en cada combinación genial de tres acordes, los merecedores del reconocimiento de padres espirituales del britpop deben ser Pulp; el momento simbólico para describir el punto más alto de esta ola, su concierto en Glastonbury del 95; el premio al mejor disco, para Different Class; y el título de mejor canción, de himno oficial del britpop, para Common People.

Y ahora, para terminar, volvamos al tipo de mi barrio que no paró en el paso de cebra. Fue un tío que siempre me cayó mal. ¿Por qué me vino a la mente la canción de Pulp al verle?, se preguntarán. No porque fuera un niño de papa haciéndose el chico pobre, sino justo por lo contrario. Allá por los 90, era otro hijo de vecino, vivía en un cuarto piso sin ascensor, su padre trabajaba en un taller y su madre limpiaba escaleras sin contrato. Uno más entre nosotros, pero no uno de los nuestros. No le podía aguantar. Porque cada vez que aparecía decía las mismas estupideces. Nos contaba sus planes para comprarse un Wolkswagen Golf y sentenciaba que “todas las pijas estaban buenas”. Era una de esas personas a las que se les adivina la capacidad de traicionar y otras miserias en el fondo de la mirada. El típico chico de barrio que se pasaba de lunes a viernes pensando qué ponerse el fin de semana para parecer lo que no era: un tipo con dinero.

Siempre me han molestado los niños de papá que se han disfrazado de gente trabajadora. Pero me han jodido más los tontos sin un duro que se avergonzaban de ser lo que eran. Aquellos a los que todo les parecía feo en el barrio obrero, hasta las chicas. Por suerte, no suelen engañarse más que a sí mismos, por mucho polo Ralph Lauren que se pongan, porque jamás conseguirán saber qué se siente siendo gente rica, porque no lo son y porque en cualquier momento están expuestos a que se les acabe la suerte y despierten de su sueño emprendedor con el chalet, el Audi A3 y hasta la Play Station embargados. Ojalá Pulp vuelvan a reunirse y se metan en un estudio de grabación, podrían componer otro temazo, para escupirles a los de este tipo en la cara o en el capó del coche recién lavado. 

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