Las canciones para mí de un tipo llamado Xoel López

¿Por qué escuchamos música? Uff… quizás he empezado con un cubata muy cargado. Y no es la intención emborracharse de abstracciones a estas horas. ¿Por qué escuchamos música pop? Así mejor. Algo más sencillo. Va la repuesta: por pura catarsis evocativa. ¡Para el carro! Se nos pone esto abstracto de nuevo. Vamos a ver, joder, nos gusta la música pop porque creemos que nos habla de nosotros, y tal vez así sea. Porque nos encanta ponerle banda sonora a nuestra vida, no hay nada malo en ello, de hecho, quien no lo haga es una ameba. Nos gustan las canciones pop porque nos sacan de nosotros sin dejar de ser nosotros, porque subliman nuestras historias mundanas. Fundamentalmente por eso. Y luego viene la calidad, claro, la melodía y la letra. No es lo mismo algo como: “Y pienso que si no existes yo me muero, que en mi cabeza había un sueño, ¡y que se ha hecho realidad! Y quiero contarle al mundo entero, que tu vida es lo que quiero, y que tú eres mi mitad” —que entonaba El Canto del Loco—; que: “Tengo que reconocer, debo admitir, en esta noche amarga de vino y espejos, que alegría sólo es algo que desaparece y regresa, que regresa y se desvanece, en esta noche amarga de vino y reflejos, que normalmente sólo son lo que parecen…” —versos en música de Deluxe—. No es lo mismo, ¿verdad? Pues eso. Ponerle buena música a nuestra historia es un placer. Y que ponga como ejemplo de la buena música a Deluxe no es casualidad, porque este artículo va de ese señor detrás de tantos pseudónimos llamado Xoel López, que le ha puesto banda sonora a la película de mis días los últimos quince años.

xoel_lopezXoel López / Foto: Lola García Garrido/Página oficial de Xoel López

Xoel López me saca tres años de edad, se puede decir que pertenecemos a la misma generación, la de los niños de los 80 y los jóvenes de los 90. Esto musicalmente suena bastante a La bola de cristal, primero, y luego a todo lo que llegaba de las islas británicas. Somos los hijos de La chica de ayer y Bitter Sweet Symphonie. Y de ahí sale Xoel López, antes Deluxe, Lovely Luna, antes Elephant Band, pero siempre Xoel en cada momento. Una carrera musical en consecuencia con el desarrollo personal del músico, como debe ser. Por eso el primer disco de Deluxe es una delicia britpopera que nadie imaginaría salida de las costas gallegas. Aquellas once primeras canciones, todas en inglés, tenían un brillo a lo The Cure, ritmos de Pulp, mediostiempos beatlemanianos a lo Oasis. Toda la pinta de un brit de pura cepa, y cuando digo toda la pinta es toda la pinta… miren el video de I’ll see you in London, ¡son The Verve! Xoel resulta una especie de Richard Ashcroft mezclado con Berto Romero… Si lees esto no te lo tomes a mal, Xoel, es para reirnos un poco. En aquella época yo me compré unas gafas de cristales naranjas como las que llevaba Simon Fowler de Ocean Colour Scene en el videoclip de Better Day, y sólo llegue a parecer un loco tipo Woody Harrelson en Asesinos natos. Eran otros tiempos y tuvieron noches preciosas con I’m like the water como banda sonora.

Hubo un momento de cambio, en todo, progresivo pero innegable. El momento en que los veinteañeros comenzamos a estar más cerca de los 30 que de los 20. El momento de hacernos más nosotros, de prestarle más atención a la letra (pequeña) de las cosas y las canciones. Xoel como Deluxe dijo Que no y dio el Bienvenido al final en medio de los sonidos británicos. Y yo pude digerir mejor, como parece que lo iba haciendo él, que “aquella sensación que parecía interminable, se ha convertido en un recuerdo más”. Y al final, el final de la juventud que se daba. “Ya se acabó la fiesta…” Así era y así comenzaba su quinto disco, Fin de un viaje infinito, lejos del pop inglés y ubicado en los escenarios de la autoría en español, sonando a cantautor, a rockero tranquilo con un poderoso acento popie y gallos cada vez más folkies

Xoel cumplía los 30 y yo como si ya los tuviera, porque todas las canciones de su disco de despedida momentánea del viejo continente me caían como un guante sentimental hecho a medida. Escuchaba una vez tras otra El amor valiente, sin duda una de las mejores canciones en español de este siglo. Xoel había dejado el inglés por completo y se había dispuesto a escribir las putas canciones de nuestra vida. Es acertado el título de esa peli de Trueba hijo, Todas las canciones hablan de mí. Pero quien da en el clavo es el personaje de John Cusack en Alta Fidelidad cuando dice: “¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido o estaba deprimido porque escuchaba música pop?”. Xoel había conseguido eso durante una década y entonces se marchó.

Nada que decir de la petada mental que le hizo partir para un año a Latinoamérica y quedarse cuatro. Ya hay mucho dicho por él mismo, busquen entrevistas si no están enterados. Yo no aportaré nada, porque no conozco personalmente a Xoel y sería absurdo que me pusiera a hablar de lo que no sé o a repetir lo ya dicho. Además, lo que importa es el resultado, lo que vino después. Y después de los años de retiro activo con sede en Buenos Aires regresó al solar hispano para regalar un discazo como Atlántico y componer el sonido del último capítulo hasta la fecha de los niños ochenteros y jóvenes noventeros, ya treintañeros curtidos en todo tipo de crisis. Tierra es uno de esos himnos personales que algunos escuchamos en la intimidad de las noches compartidas. 

Paramales, lo último de Xoel López, continúa con la buena costumbre de ponerle banda sonora a la historia personal de algunos servidores, una historia, con suerte, no sólo protagonizada sino escrita y dirigida por nosotros mismos.

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