Todos los enemigos de Malcolm X

El 3 de abril de 1964, menos de un mes después de hacer público su abandono de la Nación del Islam, a falta de unos días para partir en viaje de peregrinación a La Meca, Malcolm X, en el marco del Congreso por la Igualdad Racial, celebrado en una iglesia metodista de Cleveland,  pronuncia uno de sus más famosos discursos: El voto o la bala. Las palabras de apertura son las siguientes: “Señor moderador, hermano Lomax, hermanos y hermanas, amigos y enemigos —porque sencillamente no puedo creer que aquí todos sean amigos y no quiero omitir a nadie—. Esta noche el tema es, a mi entender: La revuelta negra y ¿qué rumbo tomamos de aquí en adelante? o ¿Qué hacer? A mi humilde manera de entenderlo las alternativas son el voto o la bala”. El discurso de Malcolm X se centra de esta manera en la responsabilidad que encierra el voto afroamericano. Pero interesa la fórmula de apertura, “amigos y enemigos”, dice Malcolm, en un estilo propio, ya libre de los encorsetamientos de la Nación del Islam. Sus palabras expresan, literalmente, la consciencia de estar en el punto de mira. Sabe que entre las más atentas miradas está la del enemigo o enemigos. Y no se equivoca, le queda menos de un año de vida.

malcolm x 1963 - foto bob parent-hulton archive-getty imagesMalcolm X, 1963 / Foto: Bob Parent/HultonArchive/Getty Images)

El desarrollo vital de quien naciera Malcolm Little —apellido de esclavo— y se convirtiera en Malcolm X —símbolo matemático de lo desconocido, de la incógnita— es convulso y vertiginoso. En apenas 39 años de vida fue un niño y tres hombres. Traficante y drogadicto, ministro religioso, líder político. Las diferencias en su ser en cada una de las distintas etapas de su edad adulta hacen que se le pueda identificar, simbólicamente, como tres personas diferentes, cada una consecuencia lógica de las anteriores. Tres etapas, tres hombres, antagónicos e inevitables.

Durante infancia y juventud todo le es hostil, más a un temperamento como el suyo. El sistema y la sociedad en que se ve obligado a desenvolverse no son precisamente amigables. Siendo un niño el Ku Klux Klan quema su casa, asesinan a su padre, la compañía de seguros estafa a la madre y la asistencia social le envía al reformatorio. ¿Quién no vería un enemigo perfectamente organizado en tal estado de las cosas? Lo extraño hubiera sido no caer en la delincuencia, la opción radicalmente individual contra un sistema enemigo. No se le pueden reprochar demasiadas cosas al joven que se alisa el pelo con sosa y anda dando tumbos, coqueteando y participando cada vez más del mundo de la delincuencia juvenil. Hasta que termina con sus huesos en la cárcel, donde conocerá y se integrará en la Nación del Islam.

El paso de doce años de Malcolm X por los Musulmanes Negros, desde la soledad de la cárcel hasta convertirse en su primer ministro nacional, está determinado por la virulenta fe del converso. De las tinieblas se sale cegado por la luz, ya se sabe. La Nación del Islam, como organización, tenía una naturaleza resbaladiza. Su discurso era retórico, ambiguo a la vez que contundente. Los métodos organizativos, sectarios. Su líder, Elija Muhammad, se vería hoy a todas luces —o quizás no— como el perfecto impostor; el culto a su persona, como profeta de los musulmanes negros en Norteamérica, es abierto y base del poder de seducción organizativo. Malcolm y el resto de ministros abren cada discurso con la fórmula “el honorable Elijah Muhammad” dice o hizo tal o cual cosa, y lo reiteran cada pocas frases. A menudo, con el propio honrado en presencia.

malcolm x 1963 restaurant Temple 7 harlem - foto richard saunders-pictorialMalcolm X en un restaurante de la Nación del Islam, con retratos de Elijah Muhammad, Harlem, 1963 / Foto: Richard Saunders/Pictorial

Tras su asesinato, con el paso de los años, la figura de Malcolm X ha ido reforzándose en su forma icónica. De símbolo del Black Power a imagen contracultural, en muchas ocasiones simplificada, desvirtuada, vaciada de contenido. Como sea, medio siglo después de su muerte, Malcolm X sigue estando poderosamente presente —hecho significativo, quizás, de que las cosas han cambiado más bien poco desde entonces—. Todo lo que de él pervive pertenece ya al imaginario colectivo, unas cuantas fotografías en blanco y negro y un puñado de citas célebres. Y entre ello, la hegemonía política e institucional del sistema y de los sujetos —individuales y colectivos— que conspiraron contra su vida, de sus enemigos. 

Precisamente por este alcance simbólico y debido a las ediciones de su libro autobiográfico, escrito junto a Alex Haley, así como al biopic dirigido por Spike Lee y protagonizado por Denzel Washington, más al sinfín de libros biográficos, son bien conocidos y están ampliamente aceptados los principales sucesos de su vida —la persecución racial y la miseria durante la infancia, sus años juveniles de criminalidad y de prisión hasta la conversión al Islam y su carrera dentro de los Musulmanes Negros—. Por donde las brumas han venido extendiéndose ha sido sobre sus momentos finales, especialmente en lo relacionado con la conspiración que significó su asesinato. Pero también este episodio, cincuenta años después, parece  más o menos esclarecido. El último de los tres hombres condenados por el crimen salió de la cárcel en 2010. Y tras la desclasificación de los papeles del FBI sobre Malcolm X —que constatan lo sabido— no se albergan dudas sobre el amplio reparto de actores que tomaron papel en la representación que terminó en el escenario del salón de baile Audubon de Harlem, el 21 de febrero de 1965, con el líder negro tiroteado delante de su esposa e hijas.

malcolm x oxford 3 diciembre 1964 - foto keystone-hulton archive-getty imagesEn Oxford, diciembre de 1964 / Foto: Keystone/Hulton Archive/Getty Images

Malcolm era tremendamente carismático, pero lo cierto es que parecía tener la misma facilidad para hacer amigos que enemigos. Desde que salió de la cárcel y se entregó en cuerpo y alma al proselitismo de la Nación del Islam, se fue configurando con creciente nitidez su estampa en diversos puntos de mira. En marzo de 1953 —no había pasado un año desde que saliera de prisión— se declara comunista en un mitin. El FBI pone entonces su nombre en una carpetilla que no dejará de crecer. Malcolm X no era comunista, ni lo fue nunca. Su evolución ideológica transitó de un chovinismo negro, racista y segregacionista, a un antiimperialismo y anticolonialismo que simpatizaba con los procesos socializantes que se gestaban en África, Asia y América Latina, hasta virar al integracionismo racial y a la confrontación clasista. “Es osado y no se deja intimidar. Cuidado con él”, fueron las palabras de reporte de un agente del FBI. 

Dos peligros potenciales en el terreno de las alianzas preocupaban a las agencias gubernamentales estadounidenses: que la Nación del Islam estableciera algún tipo de acuerdo con el Partido Comunista de los Estados Unidos, o con el movimiento de los derechos civiles de Martin Luther King. Presumiblemente, Elijah Muhammad ni era capaz de dirigir una operación de este tipo, ni estaba interesado en ella. Pero, ¿y Malcolm X, deseaba y podía llegar a establecer este tipo de alianza? La mera duda era una afirmación para las agencias del gobierno.

Left to right: Fidel Castro with Malcolm XMalcolm X recibe a Fidel Castro en Harlem, 1960 / Foto: Universal History Archive/Getty Images

“Las gallinas vuelven al corral” sería la traducción al castellano del dicho norteamericano “chickens coming home to roost”. Otro axioma de tradición popular dice que “quien siembra vientos, recoge tempestades”. El 22 de noviembre de 1963 tiene lugar un conocido hecho histórico, que para Malcolm no significaba más que esas gallinas volviendo al corral, un motivo de alegría. John Fitzgerald Kennedy era asesinado en Dallas. La tempestad florecía tras la siembra de viento. La Nación del Islam envió un telegrama de pésame a la Casa Blanca y pidió a sus ministros que no hicieran declaraciones; pero unos días después Malcolm hablaba de manera impasible ante los medios… “las malas hierbas han crecido hasta estrangular al jefe del jardín”. Nuevamente deslindado el terreno. Malcolm quedó enfocado en la mirilla de Elijah y los acólitos de éste. Fue suspendido durante tres meses de cualquier actividad pública. Entre tanto, iba a descubrir que el “honorable” Elijah Muhammad tenía nada menos que ocho hijos ilegítimos, que los contactos de la Nación con el mundo criminal eran más que probables y que el profeta negro en Norteamérica era, sin medias tintas, un impostor en toda regla. “He sido un zombie doce años”, le dice a Betty, su esposa. Días después de cumplida su sanción, abandonó oficialmente la organización.

Pasa el invierno de 1964, cuando Malcolm se asoma a la ventana de su casa no lo hace con una taza de café en la mano, sino empuñando una caravina M11. A la vuelta de su viaje a La Meca y por varios países de África, está cambiado. La propuesta es ya más política que religiosa, el objetivo separatista ha sido sustituido por el integracionista. Funda nuevas organizaciones. La reorientación anticolonial y los guiños al socialismo ponen en evidencia una conciencia política que se orienta hacia el punto cardinal ideológico menos propicio en los Estados Unidos de John Edgar Hoover.

malcolm x audubon ballroom nyc 15 febrero 1965 - foto bill quinn - ny daily news archive-getty images21 de febrero de 1965, momentos antes de su muerte en el salón Audubon / Foto: Bill Quinn/NY Daily News Archive/Getty Images

Finalmente, la alianza no se da entre la Nación del Islam y el CPUSA o el movimiento no-violento del reverendo King, sino entre la Nación y los servicios de inteligencia del gobierno. Malcolm es observado en todo momento. Varios agentes del FBI le siguen en su periplo internacional. El teléfono, ya sea de casa o de una habitación de hotel, no deja de sonar con amenazas anónimas. Los ministros principales de los Musulmanes Negros y el mismo Elijah le tachan de traidor y alientan vehementemente a sus seguidores contra el descarriado.

El primero de los intentos de asesinato conocidos sobre su persona se pone en marcha cuando aún era miembro de la Nación. Le salva que el encargado de hacer explotar su coche, uno de sus más íntimos colaboradores, le es leal y le confiesa la trama. Sin embargo, nadie puede evitar que su casa sea incendiada en plena noche; él, su mujer y sus hijas salvan la vida por poco. 

Soliviantar la liberación de los negros oprimidos, a nivel de raza y de clase, genera todo tipo de enemigos y los pone de acuerdo, en una más o menos tácita unidad de acción. La contrainteligencia gubernamental estadounidense había puesto ya en marcha el plan COINTELPRO —Programa de Contrainteligencia—, que comprendía toda una suerte de intervenciones clandestinas a fin de desarticular y destruir a una serie de organizaciones que pudieran suponer un potencial peligro para la seguridad del status quo estadounidense. El Partido Comunista, el movimiento de los derechos civiles de Martin Luther King o los Panteras Negras estuvieron bajo la intervención de COINTELPRO. La desestabilización a través de la infiltración de agentes fue una práctica habitual. Las tareas de los infiltrados iban desde la mera acumulación informativa al sabotaje y al asesinato. La Nación del Islam, como ha quedado al descubierto tras los años, estaba plagada de agentes encubiertos. Igualmente las organizaciones posteriores que fundó Malcolm X. El hombre encargado de su seguridad el día del asesinato, que no estaba cubriendo su puesto en el momento de los disparos, era un agente secreto del FBI. El complot, en cuyo objetivo también estaban interesados los grandes narcotraficantes, fue urdido por la cúpula dirigente de la Nación y alentado por la CIA y el FBI, que tenían completo conocimiento de lo que se estaba gestando.

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Es difícil discernir el papel de cada uno de los actores involucrados en el asesinato de Malcolm X. De lo que no cabe duda es de que Malcolm nació en un mundo hostil a los de su clase y su raza, y mortalmente peligroso para quien se enfrentaba a los poderes fácticos estadounidenses. Un sistema en el que se crean herramientas aparentemente divergentes, pero de facto funcionalmente complementarias. Quizás sólo al final de su corta existencia Malcolm X apreció las amplias y complejas facciones del rostro enemigo. No era sólo racismo, sino un problema de clase. Y no era un problema individual, ni siquiera interno, de Historia norteamericana, sino internacional y económico. Malcolm X había descubierto que todos sus enemigos tenían algo en común, de una manera o de otra permanecían y se beneficiaban del reparto del pastel en el entonces autodenominado “mundo libre”.

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