El desastre de Bhopal, la barbarie de las multinacionales

¿Se acuerdan del accidente de Bhopal? Muchos dirán que sí, incluso aunque naciesen después de ocurrido, como si los acontecimientos más trágicos e importantes de la historia humana formaran parte de un glosario de conocimientos innatos. Si realmente fuera así, sólo escuchar la palabra Bhopal nos produciría inmediatamente un sobrecogimiento y una honda tristeza; aun siendo incapaces de situar en un mapa esta ciudad del centro de la India. Pero Bhopal suele ser uno de los episodios olvidados.

El desastre de Bhopal, por su tragedia e importancia, debe situarse entre los momentos más relevantes del siglo XX, por la cifra de fallecidos inmediatos (cerca de 30.000), por la cifra de enfermos incurables (más de 500.000), por una tierra inservible y contaminada por plomo y mercurio casi a perpetuidad, por unas aguas que siguen intoxicadas para dieciséis comunidades de la región y, porque aún hoy fallecen entre diez y quince personas al mes por las exposiciones a los gases tóxicos del escape del 84.

Desastre en Bhopal, IndiaBhopal (India), víctimas del escape de gas en la fábrica de Union Carbide, 4 de diciembre de 1984 / Foto: AFP

El 3 de diciembre de 1984, el pueblo de Bhopal (India) se despierta en mitad de la noche envuelto en una nube tan densa que se mueve a ras del suelo, una nube de color rojizo cuyo componente principal son 23 mil kilos de isocianato de metilo, expulsados al exterior por la ruptura de uno de los tanques de la fábrica de pesticidas que la multinacional estadounidense Union Carbide tiene en el pueblo. El aire quema, abrasa. Los ojos son el primer órgano afectado, se queman. Luego las vías respiratorias. Salir a la calle en busca de aire sano es en vano para miles de familias. Los muertos, de todas las edades, se cuentan por miles en pocas horas.

En el Hospital de Hamidia, el más cercano al epicentro de la tragedia, se hacinan los cuerpos envueltos en sabanas blancas, agolpados en fila. La primera noche mueren unas 8ooo personas, no hay un cálculo exacto porque los cuerpos fueron incinerados o enterrados en fosas comunes con rapidez. En las salas del hospital, médicos y personal se ven superados, no hay medicamentos ni equipos suficientes. Por parte de la empresa, nada. Union Carbide no tenía ni un plan de emergencia, ni un plan de evacuación. Tampoco colaboró diciendo qué producto fue el que saltó por los aires, arguyendo secreto profesional.

La idea de Union era amortizar el coste de la expansión del centro de Bhopal en un periodo de tres años, lo que significaba explotar los tanques de almacenaje y producción sobrepasando los límites de lo razonable, hasta el punto de que para muchos ingenieros resultaba casi técnicamente imposible, algo inalcanzable, salvo que se corrieran importantes riesgos en todos los sentidos y en todos los procesos de producción.

En los años 70 y 80 se había extendido el uso de pesticidas para evitar las plagas en los cultivos, hacerlos más eficientes y conseguir una mayor producción. A eso se dedicaba la división agrícola de Unión Carbide, empresa química estadounidense con centro neurálgico en el estado de Connecticut. Abrió sedes o matrices por todo el mundo, que seguirían siempre las instrucciones de Union Carbide y de su Comité de Dirección, encabezado por Warren Anderson (presidente) y Robert Kennedy (vicepresidente). En la sede principal se decidía el diseño del centro, en teoría siempre semejante a los que había en Estados Unidos, el volumen de producción, el número de trabajadores, el presupuesto de las divisiones, etc. La mayor parte de los centros se abrieron en Europa; el de Bhopal, ubicado en las proximidades de los barrios más pobres de esta pequeña ciudad india, se consideró estratégico por tener más de 400 millones de potenciales clientes, la pequeña fábrica se convirtió en poco tiempo en una planta de 7 hectáreas.

La idea de Union era amortizar el coste de la expansión del centro de Bhopal en un periodo de tres años, lo que significaba explotar los tanques de almacenaje y producción sobrepasando los límites de lo razonable, hasta el punto de que para muchos ingenieros resultaba casi técnicamente imposible, algo inalcanzable, salvo que se corrieran importantes riesgos en todos los sentidos y en todos los procesos de producción. Y eso fue lo que se hizo. La tecnología que se implantó en Bhopal correspondía a la de 1940 o 1950, diferente de la que se implementaba en las instalaciones estadounidenses de Union Carbide, así lo atestiguaron peritos e ingenieros. El presupuesto de la planta india era menor al de otras sedes, aun teniendo el mismo volumen de producción.

Para la elaboración del pesticida SEVIN, el producto estrella descubierto por Union Carbide, que anunciaba como inocuo para el hombre y el medioambiente, se trataba con fosgeno, gas conocido a partir de la 1º Guerra Mundial por ser extremadamente venenoso, usado como arma de destrucción masiva. Union Carbide lo empleaba para hacer isocianato de metilo (MIC), un compuesto orgánico muy peligroso y sensible, una sustancia prohibida en la mayor parte del mundo y que se elabora en la actualidad solamente en siete países (USA, Alemania, Bélgica, Japón, Israel, Corea del Sur y Taiwán). El MIC se transforma en gas con bastante facilidad, incluso al simple contacto con el agua, su almacenaje requiere que se haga bajo una una fuerte capa de hormigón a temperatura de 0º grados centígrados, con un control continuo de posibles cambios en la presión de los tanques, bajo estrictos controles y protocolos a seguir y muy alejado de los núcleos de población.

En Bhopal todos los controles y medidas de seguridad fallaron, las alarmas y sirenas que debían saltar, se quedaron mudas. Las primeras alarmas en escucharse fueron de timbre humano, los gritos de las primeras víctimas. Se redujeron los costes de seguridad y los sistemas de seguridad no reaccionaron, porque, sencillamente, no estaban conectados esa noche, los sistemas de refrigeración y descontaminación estaban apagados. En Bhopal, todo valía menos. Se menospreció a unas personas, a un entorno y a un pueblo.

Union Carbide no fue la única multinacional que corría riesgos, que producía productos químicos extremadamente peligrosos en países pobres para conseguir un mayor beneficio vulnerando los protocolos y actuaciones de seguridad. Pero sí la que cometió el mayor delito y el mayor crimen contra la humanidad, casi treinta mil personas pasaron sus últimas noches de vida en un aire envenenado de su avaricia, miles de familias sumidas en la tristeza, condenadas a vivir en un mundo de ceguera, depresión, fatiga, e hijos que todavía nacen con deformidades, entre tantos efectos secundarios aún presentes.

La indemnización económica por los daños producidos fue un elemento más de la inmoralidad y la criminalidad institucionalizada de los monopolios: cada víctima se pago a una media de 300 dólares. La empresa ingresaba más de siete mil millones de dólares al año.

Union Carbide siempre negó su responsabilidad, algo sorprendente siendo un centro cuyo capital en un 51% era propiedad de Union Carbide, que hacían productos de Union Carbide que llevaban el nombre Union Carbide. Como no podría ser de otra forma, la nueva empresa, propietaria de los terrenos y de la actividad, Dow Chemical, hizo lo mismo.

Warren Anderson, presidente y máxima voz de la compañía, viajó a la India después del accidente, en un primer momento fue detenido por negligencia criminal pero, tras actuaciones del cónsul norteamericano, al que le valieron un par de llamadas y el pago de mil dólares de fianza, fue liberado y volvió a su país. Tras años y años de silencio, a los afectados aun se les negó hablar en el proceso judicial, pese a las actuaciones ávidas de abogados que vieron en cada cliente un signo del dólar. Hasta 2010 no hubo sentencia alguna, entonces un tribunal indio condenó a ocho directivos indios de Union Carbide a dos años de prisión y una multa de 10.600 dólares; los directivos estadounidenses y la empresa obtuvieron así su impunidad. 

Las instalaciones de Bhopal fueron abandonadas a su suerte, como si una zona de guerra se tratase, se asemejan hoy a un cementerio de oxidados tanques infernales que formaran un museo de los horrores.

Union Carbide siempre negó su responsabilidad, algo sorprendente siendo un centro cuyo capital en un 51% era propiedad de Union Carbide, que hacían productos de Union Carbide que llevaban el nombre Union Carbide. Como no podría ser de otra forma, la nueva empresa, propietaria de los terrenos y de la actividad, Dow Chemical, hizo lo mismo, aprendió rápido de su socio corporativo, negó cualquier responsabilidad, no iba con ellos. Pero tampoco se quedaron impertérritos en su actitud, contrataron a un gran número de agentes de seguridad y de abogados para evitar a base de palos y pleitos que los hombres y mujeres que se agolpaban en la puerta de la empresa para protestar habitualmente, siguieran enturbiando el ambiente.

Actualmente, Dow Chemical, la empresa dueña de Union Carbide, es un conglomerado de empresas que en 2013 tuvo unos ingresos de 57 mil millones de dólares, instalada en casi todos los países del mundo, uno de ellos España. En Bhopal la gente pasa, más de tres décadas después de un crimen llamado accidente, su día a día en casas con tejados de uralita. Inhabilitados para trabajar por los daños que sufrieron, condenados a vivir en la miseria. En esas horas muertas se preguntarán por qué todo lo pierden los mismos, y ganan los de siempre.

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