Xenia, una cuestión de actitud

Vi la película griega Xenia en el pasado Festival de Cine de Gijón. Recuerdo que levantó algunos aplausos al término de su proyección. No fueron los míos. Ni siquiera tener a su director, Panos H. Koutras, sentado en la butaca de detrás, aguardando al coloquio posterior, hizo que moviera un músculo. Ahora llega a la cartelera española con un nuevo título: Cuestión de actitud. Y desde luego, se necesita de una muy positiva para que no acabe con la paciencia de uno.

xenia_fic xixon_drugstoreLos protagonistas de Xenia (Cuestión de actitud) / Foto: 100% Synthetic Films.

A menudo, la pretensión de originalidad y de transgredir suele conducir al ridículo. Si a eso le sumamos la manía de algunos directores de convertir sus películas en álbumes de recuerdos y gustos personales, el resultado suele ser un fueguito artificial que huele a chamusquina. Xenia o Cuestión de actitud es la historia de dos jóvenes hermanos –Dany y Odysseas– albaneses en Grecia, en busca de un padre malvado a quien pedirle cuentas. Para que la historia mil veces contada parezca excepcional y transgresora, Koustras decide que el hermano pequeño va a ser un adolescente gay con serios problemas psiquiátricos, y el mayor un chico bueno y tímido que se arranca por Patty Pravo y Raffaella Carrá cuando menos lo esperas.

El film resulta una ñoñería de colores chillones, con un guión al que le sobran secuencias de principio a fin. Si hubiera tenido que ver una más de karaoke de los hermanitos Dany y Odysseas, el señor Panos H. Koustras en la butaca de detrás se habría enterado. Pero no es solo el programa de grandes éxitos de la música italiana lo tonto de la película, es también la reiteración de homenajes y simbolismos fáciles traídos sin verosimilitud. Como al señor Koustras le encanta La noche del cazador –algo bueno–, ni corto ni perezoso mete a Dany y Odysseas en una barca río abajo, por inverosímil que sea el hallazgo de dicha barca –aunque de inverosimilitudes ya se va servido en este punto del film, pistolas de por medio, cómo no– e incluye su homenaje al clásico de Charles Laughton.

Con todo, la película tiene sus aciertos, por pequeños que sean. Cabría destacar uno de fondo: el film griego pone en la pantalla algo mucho más inquietante que un adolescente psicótico, y es el auge del fascismo, de nuevo en Europa, y presente en Grecia de manera destacada. Un fenómeno que la Unión Europea no está sólo obviando, sino favoreciendo, alentando calladamente en estos tiempos de crisis. Las escuadras fascistas campan con naturalidad por las calles de Grecia y sus líderes duermen en las zonas residenciales de lujo, como se muestra en el film. Ese es el verdadero terror, que los Dany reales, gays, extranjeros, pobres, sean de nuevo víctimas de una barbarie bien conocida.

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