Maratón de Nueva York, historias de otoño

Soy un corredor popular de maratones. Un runner, como se dice ahora. Nunca he corrido el maratón de Nueva York, pero jamás he dejado de pensar en él. No es la más rápida, ni la más antigua, ni la más barata. Y no nos engañemos, si todos queremos correr en Nueva York en otoño es porque nos la han colado. Al margen de que sea la carrera mejor organizada y arraigada en su entorno, maratones con historia y un ambiente acogedor hay muchas, pero Nueva York seduce por su lejanía, y no me refiero a la geográfica, sino a la que media entre el mundo real donde vivimos y entrenamos los sufridos corredores populares y la ciudad infinitamente fantaseada. Correr por Central Park es ser Dustin Hoffman metido en una trama conspirativa con nazis de por medio, es casi tan “cool” como tomar el brunch en algún lugar del Village, es la soledad y el esfuerzo redentor de todos los dramas de celuloide. Ese es el poso que ha hecho que la maratón de Nueva York sea un reto siempre presente en nuestros largos rodajes por los campos y ciudades del mundo real.

nycmarathonMaratón de Nueva York a su paso por Brooklyn, 1979 / Foto: TCS New York City Marathon.

Yo quiero correr en Nueva York, ya lo he dicho, y reconozco que he sido vilmente seducido por la carga melodramática de un lugar para héroes ficticios. Puta vanidad. Hecho oprobio de tal debilidad, veamos los puntos positivos. Primero de todo, es innegable que el maratón de Nueva York, el primer domingo de cada noviembre, es hoy día la mejor organizada de entre las grandes carreras de fondo del mundo. ¡El año pasado finalizaron más de 50000 corredores! ¿Gracias a ING, patrocinador de la carrera los últimos años? ¿A Tata Consultancy Services, nuevo patrocinador oficial desde 2014? Me temo que no. Todo su dinero sirve para hacer más dinero. El maratón de Nueva York sale adelante y es lo que es, fundamentalmente, por el profundo arraigo que tiene en la ciudad, la conexión tan emocional y extensa con los propios neoyorquinos. Y sabemos lo que les gusta a estos locos americanos todo aquello que sea muy de sacar la bandera y el poder de los símbolos de superación y esas cosas.

Sea como fuere, también hay que reconocer que la historia de sus orígenes está bonita. En 1970, año de la primera edición, toman la salida 127 corredores y solo terminan 55. El circuito consistía en dar vueltas a Central Park hasta completar los 42 kilómetros y 195 metros  –y aquí como se comprueba tiro de manía y justicia runner, dando la cifra exacta, porque hasta el último metro hay que sudarlo–. En 1976 se produce el cambio determinante en la organización de la carrera. Se decide abandonar el mareo sobre Central Park para hacer un completo recorrido por los cinco barrios de Nueva York. Salida de Staten Island, puente a Brooklyn, mitad de carrera por Queens, puente a la gran manzana, el Bronx, para acabar en Central Park cuesta arriba. Las cosas como son, el paisaje, objetivamente, es de impacto. Correr por las grandes avenidas, sobrevolar en puente el East River y su desembocadura y terminar en ese parque, seguro resulta inolvidable.

Nueva York es el recorrido duro, un reto. Es la subida final de Central Park, más reto. El viento, la gente, la ciudad titánica y violenta, desproporcionada en todo, en belleza, en injusticia, en drama. Es el maratón más mediatizado y explotado económicamente, pero a la vez el de raigambre más popular.

Todo esto ha sido bastante como para todos los públicos, casi para el turista más que para el fondista. Vamos ahora con las frikadas de runners y el significado de toda maratón. Los primeros doce años de la carrera la dominan los estadounidenses. Todas aquellas ediciones las ganan corredores de la tierra, tienen lugar los grandes triunfos consecutivos de Bill Rodgers y del actual gurú del entrenamiento de alto nivel, Alberto Salazar –que parece tener en marcha un secretísimo proyecto para que uno de sus pupilos rompa el límite de las dos horas en los 42,195… cuesta creerlo–; en mujeres será el inicio del reinado de la noruega Grette Waitz, que se hará con el triunfo en ¡9 ocasiones! Pero es también, más recientemente, el camino de éxito de verdaderas leyendas del fondo, como Martin Lel (ganador en 2003 y 2007), Paul Tergat (ganador en 2005) o Geoffrey Mutai (vencedor en 2012 y 2014) en hombres; y de la inconfundible y muy humana Paula Radcliffe (vencedora en 2004, 2007 y 2008) con su dramático estilo de correr.

Nueva York es el recorrido duro, un reto. Es la subida final de Central Park, más reto. El viento, la gente, la ciudad titánica y violenta, desproporcionada en todo, en belleza, en injusticia, en drama. Es el maratón más mediatizado y explotado económicamente, pero a la vez el de raigambre más popular. Y luego está el cine, todas las secuencias otoñales en las que hemos huido de alguien a la carrera por las calles de Harlem, o hemos corrido tras un amor imposible entre las hojarasca de Central Park, o hemos escuchado música trotando sobre el puente de Queensboro mientras nos sentíamos héroes solitarios.

¿Qué, es un artículo solo para corredores? Corredor de fondo es todo el mundo en algún momento. Así que sí, es un artículo para esos locos que corren. 

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